lunes, 24 de julio de 2017
La incertidumbre del silencio PDF Imprimir E-Mail

La incertidumbre del silencio
(Diario de Cádiz, Pilar Solís)

Encarnación C. tiene 53 años y desde hace tres sufre una disfonía espasmódica. Todo empezó una noche cualquiera. Tras haber tenido un cólico sintió una pequeña molestia en la laringe. Los días fueron pasando y estas molestias pasajeras se convirtieron en parte rutinaria de su vida incluso empeoraron dificultándole el habla. "Fui a visitar al otorrino y me dijeron que no tenía nada importante. Incluso me recomendaron que no hablara durante diez días, cosa que aún me perjudicó más. Después fui a otra consulta para ver si se trataba algo del estómago pero nada. El foniatra tampoco consiguió detectarme las causas por las que iba perdiendo la voz. Incluso llegué a visitar a psicólogos y psiquiatras porque pensaban que podía ser algún trastorno emocional pero me dijeron que estaba bien", comenta Encarnación.

En el plazo de un año y medio consiguió saber de qué se trataba. Tuvo suerte, ya que la mayoría de los pacientes que sufren este trastorno tardan años en averiguar lo que les pasa. La doctora Encarnación Ávalos, médico de la Unidad de Patología de la Voz del hospital Puerta del Mar, explica que "la mayoría de los pacientes vienen muy angustiados ya que llevan cuatro o cinco años dando vueltas por psicólogos, logopedas, otorrinos... que no han conseguido averiguar que es lo que les pasa."

Disfonía espasmódica. Así es como se llama la enfermedad que sufren estos pacientes. Se trata de un desorden de la voz caracterizado por espasmos involuntarios (o movimientos de los músculos de la laringe) que hacen que la voz se quiebre y tenga un sonido forzado o entrecortado. Se trata de una enfermedad poco conocida y, precisamente por esto, es difícil su diagnóstico. Las causas que provocan la disfonía espasmódica no está claras ni tampoco se ha encontrado cura definitiva.


 

Con fuerza. Juan G. y Encarnación C. sonríen ante la entrada del Puerta del Mar.

 

"Queremos evitar que vayan de médico en médico"


 

 




Desde hace año y medio, el doctor Miguel de Mier y Encarnación Ávalos, de la Unidad de Patología de la Voz, están formándose para poder tratar a esta enfermedad. En año y medio han conseguido implantar en el hospital Puerta del Mar un tratamiento novedoso que permite a los pacientes recuperar la voz en un plazo de dos semanas, "aunque todo depende de las características del afectado. Hay quien la ha recuperado en siete días y quien en diez", aclara Miguel de Mier.

El tratamiento consiste en una inyección en las cuerdas vocales, a través de un pequeño tubo de luz que se introduce por la nariz y para ver al paciente por dentro, de unas dosis pequeñísimas de una sustancia llamada toxina botulínica, la misma que se utiliza en los centros de cirugía estética para eliminar las arrugas. La innovación del procedimiento reside en la aplicación de la anestesia local en lugar de la general, como se suele hacer en la mayoría de los hospitales, eliminando de este modo la necesidad de ingresar al paciente. El único punto débil reside en la duración del efecto. De cinco a siete meses, dependiendo del caso, aunque con las sucesivas inyecciones la duración llega a alcanzar hasta un año en algunos casos.

La pérdida del habla puede llegar a originar problemas sociales graves debido a la falta de comunicación que sufren los enfermos que padecen la disfonía espasmódica. "Es muy difícil relacionarte con los demás cuando no puedes hablar", comenta Encarnación..

A estos deben añadirse los problemas físicos que entraña forzar la voz como la tensión en el cuello o
contracturas en la espalda.

 

 
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